Vas conduciendo con la música alta, disfrutando del paisaje o pensando en tus pendientes, cuando de pronto escuchas ese golpeteo rítmico y seco que te hiela la sangre. El volante empieza a vibrar de una forma extraña y te das cuenta de que el destino tiene otros planes para ti hoy.
La mayoría de los conductores prefiere llamar al seguro y esperar horas bajo el sol o la lluvia, simplemente por no saber cómo enfrentar la situación con sus propias manos. Sin embargo, recuperar el control de tu viaje es mucho más sencillo de lo que parece si mantienes la cabeza fría y conoces los pasos lógicos para salir del apuro.
Preparación mental y seguridad ante el imprevisto
Antes de tocar cualquier herramienta, lo primero que tienes que hacer es buscar un lugar lo más llano y seguro posible, lejos del flujo constante de tráfico. No sirve de nada intentar reparar un pinchazo de tu coche si pones en riesgo tu integridad física por estar mal estacionado o en una curva sin visibilidad.
Una vez que encuentres ese refugio en el arcén, pon el freno de mano a fondo y asegúrate de encender las luces de emergencia para que el resto del mundo sepa que hay alguien trabajando allí. Bajo esa misma línea de precaución, el uso del chaleco reflectante y los triángulos de señalización resulta vital para crear un perímetro de seguridad alrededor del vehículo.
Si tienes pasajeros, pídeles que salgan por la puerta contraria al tráfico y que se mantengan bien alejados de la calzada mientras tú te encargas del trabajo pesado. Tal organización previa no es una pérdida de tiempo; al contrario, te da la calma mental necesaria para concentrarte en la tarea mecánica sin estar mirando por el retrovisor con miedo a que alguien se acerque demasiado a tu posición.
El juego de herramientas que te sacará del bache
Cuando ya estás bien señalizado, llega el momento de sacar el kit que suele vivir olvidado en el fondo del maletero. Necesitas localizar el gato, la llave de cruz y, por supuesto, la rueda de repuesto, verificando que tenga aire suficiente antes de empezar a sudar. Si por casualidad llevas guantes de trabajo, úsalos; tus manos agradecerán no llenarse de grasa y suciedad acumulada en las llantas.
Afloja los tornillos de la rueda dañada un poco antes de elevar el coche, porque una vez que la goma esté en el aire, será mucho más difícil vencer la resistencia de la rosca. Aunado a la fuerza física, la técnica para colocar el gato es el punto donde mucha gente falla por puro desconocimiento. Tienes que buscar los puntos de apoyo reforzados que tiene el chasis, normalmente indicados con unas pequeñas muescas en el metal cerca de las ruedas.
Si pones el gato en un lugar equivocado, podrías doblar la chapa o, lo que es peor, provocar que el vehículo se deslice mientras estás trabajando debajo. Una vez que la rueda pinchada apenas roce el suelo, termina de quitar los tornillos y retírala con cuidado, deslizándola bajo el coche por si el gato llegara a fallar.
Con respecto a la colocación de la rueda nueva, el secreto está en apretar los tornillos siguiendo un patrón de estrella o en cruz, nunca uno detrás del otro de forma circular. Hacerlo así garantiza que la llanta se asiente de manera uniforme contra el eje, evitando vibraciones peligrosas cuando vuelvas a tomar velocidad en la autopista.
Al bajar el vehículo y quitar el gato, dales un último apretón con toda la fuerza que puedas aplicar con tu propio peso, asegurándote de que nada se moverá de su sitio en los próximos kilómetros de trayecto.



