La Inspección Técnica de Vehículos es una de esas citas que ningún conductor puede evitar, y sin embargo muchos la afrontan con escasa preparación. El resultado: suspensos evitables por defectos menores que con un par de horas de revisión básica se podrían haber corregido antes de entrar al centro. Esta guía te explica qué comprueba la ITV, cuáles son los fallos más habituales y cómo preparar tu vehículo para superar la inspección a la primera.
Qué revisa la ITV: los bloques principales
La inspección técnica evalúa el vehículo en varios bloques: identificación (número de bastidor, matrícula, documentación), frenos, dirección, visibilidad (lunas, limpiaparabrisas, retrovisores), alumbrado y señalización, ejes y ruedas, chasis y carrocería, motor y transmisión, y el nivel de emisiones contaminantes. Cada defecto detectado se clasifica como leve, grave o muy grave, y según la gravedad y la cantidad de defectos el vehículo puede resultar favorable, desfavorable o negativo.
Los fallos más frecuentes que provocan suspenso
Según los datos de AECA-ITV, los defectos más habituales que llevan al suspenso son: luces fundidas o mal orientadas, neumáticos con desgaste excesivo o presión inadecuada, limpiaparabrisas deteriorados, niveles de emisiones fuera de límite, frenos desequilibrados y documentación incompleta o caducada. La mayoría de estos problemas son fácilmente detectables y corregibles antes de la cita si el conductor se toma unos minutos para revisar el vehículo.
Si tu coche tiene cierta antigüedad, es importante conocer bien su estado mecánico. En Servicom encontrarás información detallada sobre por qué es esencial mantener el coche en buen estado con revisiones periódicas para evitar problemas tanto en la ITV como en la conducción diaria.
Lista de comprobación previa a la ITV
Antes de acudir a la inspección, dedica tiempo a revisar personalmente estos puntos: comprueba que todas las luces funcionan correctamente (cruce, carretera, posición, freno, marcha atrás, intermitentes y antinieblas); verifica la presión y el estado visual de los cuatro neumáticos incluyendo la rueda de repuesto; asegúrate de que los limpiaparabrisas limpian correctamente y que el nivel de líquido limpia cristales es suficiente; comprueba que el nivel de aceite, refrigerante y líquido de frenos están en los rangos correctos; y revisa que llevas toda la documentación en regla: permiso de circulación, seguro vigente y carné de conducir.
El control de emisiones: el punto más técnico
El control de gases es uno de los puntos donde más vehículos fallan, especialmente los de mayor antigüedad. Para los motores de gasolina, el nivel de CO en ralentí debe estar dentro de los límites marcados según el año de matriculación. Para los diésel, se mide la opacidad de los humos. Una puesta a punto previa (cambio de filtro de aire, bujías y aceite si corresponde) puede mejorar significativamente los niveles de emisiones y es especialmente recomendable si el coche lleva tiempo sin pasar por el taller.
Si suspendes: qué hacer a continuación
Un resultado desfavorable no es el fin del mundo. Tienes dos meses para corregir los defectos y volver a pasar la revisión. Solo se comprobará que los defectos detectados han sido subsanados, no será una inspección completa. Guarda el informe de la ITV: te indica exactamente qué hay que corregir. Si los defectos son de taller (frenos, dirección, motor), acude a un servicio oficial o de confianza y solicita factura de los trabajos realizados, que puede ser útil en la reinspección.



