El Estado ha puesto sobre la mesa 1.700 plazas de informática para 2026. Son un 42% más que en la oferta anterior y la apuesta tecnológica más clara de la función pública española en años. Y aun así, la pregunta que se hacen en los departamentos de personal no es cuántas plazas hay. Es quién va a presentarse a ellas.
Qué ha aprobado exactamente el Gobierno para 2026
El Real Decreto 387/2026, de 6 de mayo, publicado en el BOE del 7 de mayo, aprueba una oferta de 27.232 plazas para la Administración General del Estado. De esas, 1.700 corresponden a cuerpos TIC por acceso libre.
La novedad no es solo el volumen. Por primera vez, el Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información convocará pruebas de acceso por especialidades: inteligencia artificial, ciberseguridad y ciencia del dato. Hasta ahora, un aspirante con cinco años montando arquitecturas de seguridad competía en el mismo examen que uno especializado en integración de sistemas, y los dos estudiaban lo mismo.
El Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública defiende la medida con un dato que le favorece: el 83% de los ciudadanos españoles usa webs o aplicaciones oficiales, siete puntos por encima de la media europea. La lectura completa es menos cómoda. Ese 83% se sostiene sobre sistemas que hay que mantener, escalar y defender, y el Estado lleva años haciéndolo con plantillas propias cada vez más pequeñas y contratos externos cada vez más grandes.
El sueldo no es el único terreno de juego, pero es el primero
Un Técnico Auxiliar de Informática recién ingresado se mueve en una horquilla de 1.400 a 1.600 euros brutos mensuales. Es un salario digno y estable. También es una cifra que el mercado privado supera sin despeinarse para perfiles equivalentes, y a menudo sin pedir a cambio treinta y tres temas memorizados ni un examen con penalización por error.
Así que la Administración no puede ganar esta competición por precio. Tiene que ganarla por otra cosa, y esa otra cosa existe.
La estabilidad es real y no depende del ciclo. Mientras las grandes tecnológicas encadenan rondas de despidos, una plaza de funcionario es una plaza de funcionario. La conciliación es medible: jornada acotada, horario conocido, destino que no se traslada a otro continente por una decisión de matriz. Y la escala de los proyectos no tiene equivalente en el sector privado español: identidad digital europea, modernización de los sistemas de la Seguridad Social, defensa frente a ciberataques dirigidos contra infraestructura crítica.
Hay además un argumento que ha ganado peso en los dos últimos años. Cada informático que entra en plantilla reduce un poco la dependencia de consultoras externas y devuelve control público sobre proyectos estratégicos. Llamarlo soberanía digital suena grandilocuente. En la práctica significa que alguien dentro de la casa entienda el sistema que la casa ha comprado.
Las tres puertas de entrada al empleo público tecnológico
La estructura es la misma en casi todas las administraciones: un cuerpo de entrada de grupo C1, uno intermedio de A2 y uno superior de A1. Cambian los nombres, no la lógica.
| Cuerpo (Administración del Estado) | Grupo | Titulación mínima | Plazas OEP 2026 |
| Técnicos Auxiliares de Informática (TAI) | C1 | Bachillerato o técnico de FP | 1.000 |
| Gestión de Sistemas e Informática | A2 | Grado, diplomatura o equivalente | 400 |
| Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información | A1 | Grado o licenciatura | 300 |
El reparto dice mucho. Casi el 60% de las plazas está en el escalón de entrada, el que admite formación profesional. No es casualidad: es donde la Administración tiene más agujeros que tapar y donde el mercado privado también absorbe con más facilidad a los titulados de ASIR o DAW recién salidos.
Andalucía juega su propia partida
Las comunidades autónomas convocan sus propios cuerpos de informática, y eso cambia el cálculo para mucha gente. La Junta de Andalucía mantiene tres opciones de informática dentro de su función pública: Ayudantes Técnicos (C1.2003), Cuerpo Técnico Facultativo, especialidad/opción Informática (A2.2012)y Cuerpo Superior Facultativo (A1.2019).
Una de las principales diferencias es el ámbito territorial de los destinos, aunque también existen diferencias en temarios y sistemas selectivos.Para alguien con familia asentada en Sevilla, Málaga o Granada, esa condición pesa más que doscientos euros de complemento. Por eso las oposiciones de informática C1 de la Junta de Andalucía se han vuelto una vía habitual para técnicos que ya trabajan en empresa y no quieren mudarse a Madrid para consolidar su carrera.
En el extremo superior, el Cuerpo Superior Facultativo, opción Informática (A1.2019) es el destino natural para ingenieros y graduados que buscan responsabilidad de arquitectura y gestión de proyectoLa OEP 2024 tiene 20 plazas y la OEP 2025 tiene 14
El cuello de botella no es el temario técnico
Aquí está la paradoja que explica por qué la Administración va perdiendo esta carrera pese a tener más plazas que nunca.
Un profesional que lleva años en sistemas, redes o desarrollo llega al temario específico con medio trabajo hecho. Bases de datos, sistemas operativos, comunicaciones, seguridad, administración electrónica: nada de eso es nuevo para quien lo usa cada día. Lo que descarrila las preparaciones es el otro bloque, el común. Constitución, organización del Estado, procedimiento administrativo, función pública. Materia densa, ajena y que no se aprende por intuición.
A eso se suma un formato de examen que castiga los hábitos del sector privado. Los cuerpos técnicos del Estado resuelven el acceso con un ejercicio único que mezcla test y supuesto práctico en dos horas y penaliza las respuestas incorrectas. La preparación del A1 de Informática de la Junta de Andalucía se enfrenta a otra dificultad, la de un proceso repartido en ejercicios eliminatorios encadenados donde basta fallar uno para quedarse fuera del siguiente. En los dos casos, la gestión del tiempo y del riesgo decide tantas plazas como el conocimiento técnico.
Es un filtro que no mide lo que el puesto necesita. Y mientras exista, la Administración seguirá convocando plazas que el mercado privado le arrebata antes de que lleguen a examinarse.
Qué debería ofrecer una preparación pensada para informáticos
Casi toda la oferta de preparación del mercado está diseñada para el opositor clásico: alguien que llega sin conocimiento previo y necesita construirlo todo desde cero. Un técnico con experiencia tiene el problema contrario. No necesita que le expliquen qué es una base de datos relacional; necesita que le enseñen a resolver 80 preguntas teóricas y 20 de supuesto práctico, lo que hacen un total de 100 preguntas evaluables. El ejercicio dura 120 minutos.
Eso cambia lo que hay que exigirle a una academia. Primero, un temario común tratado como materia principal y no como apéndice del técnico. Segundo, simulacros con la penalización real de la convocatoria, porque el criterio de cuándo arriesgar una respuesta se entrena, no se improvisa el día del examen. Tercero, actualización normativa continua: entre la publicación de una oferta y el examen pueden pasar dos años, y en ese plazo cambian leyes que sí entran. Y cuarto, compatibilidad con una jornada laboral completa, porque la mayoría de estos opositores no van a dejar su empleo para estudiar.
En Andalucía, academias con recorrido largo como CEAPRO, con sede en Sevilla y más de tres décadas preparando oposiciones a la Junta y al Estado, han ido incorporando itinerarios específicos para los cuerpos de informática en modalidad online y de autoformación, precisamente por ese perfil de alumno que estudia después de trabajar. Sea con una u otra, la comprobación útil antes de matricularse es siempre la misma: pedir el temario común de muestra y un simulacro corregido.
Preguntas frecuentes
¿Compensa dejar un empleo tecnológico privado para opositar?
Rara vez hace falta dejarlo del todo. La mayoría de opositores TIC prepara la convocatoria compaginándola con su empleo, y precisamente por eso las modalidades online y de autoformación se han convertido en el estándar del sector. La decisión de fondo es otra: cambiar techo salarial por estabilidad y previsibilidad. Quien tenga claro que quiere una carrera larga en un mismo sitio suele encontrar el cambio rentable a diez años vista, aunque pierda dinero los primeros.
¿Sirve de algo la experiencia en empresa privada?
Sirve en dos planos. En el temario específico, muchísimo: es conocimiento que ya se maneja. Y en varias convocatorias, la fase de concurso valora expresamente la experiencia profesional previa, incluida la del sector privado, aunque el peso concreto depende de cada proceso y hay cuerpos que se convocan por oposición pura, sin fase de méritos.
¿Cuánto se tarda en sacar una plaza de informática?
Depende del cuerpo y del punto de partida. Un C1 con base técnica sólida y estudio constante se prepara razonablemente en un ciclo de convocatoria; un A1 rara vez se saca al primer intento. La variable que más pesa no es la inteligencia ni la titulación, sino la regularidad: los procesos son largos, con meses muertos entre publicación y examen, y ahí es donde se cae la mayoría.
La Administración ha entendido el problema y ha reaccionado con más plazas, especialidades diferenciadas y formación digital interna. Es la respuesta correcta. Lo que todavía no ha resuelto es que ninguna de esas medidas actúa sobre el punto exacto donde pierde a los candidatos: el trecho que separa a un buen informático de un buen opositor.


