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“Estoy muerto, no puedo más”. Esas fueron las palabras que Tadej Pogaçar pronunció por radio a su jefe de equipo al poco de comenzar la ascensión al Col de la Loze, justo un día después de que, a pesar de haber hecho una gran contrarreloj, Jonas Vingegaard diese un golpe casi definitivo a la carrera.
El ciclista esloveno, que todavía tenía opciones según los últimos resultados de apuestas deportivas de ese momento, llegó a más de 6 minutos del danés. Una pájara que será recordada durante décadas, pero que no solo él ha sufrido a lo largo de la historia. Pero ¿qué es exactamente?
El catabolismo corporal, responsable de las pájaras
Una pájara se produce en el momento en el que un ciclista se queda sin energía. Es cierto que este fenómeno se da en otros deportes, como es el caso del atletismo. Sin embargo, en el mundo de la bicicleta es más habitual, ya que se encadenan grandes esfuerzos de resistencia un día tras otro que van minando el funcionamiento natural del organismo.
Esto último es especialmente importante, ya que la pájara puede darse por un déficit de alimentación o hidratación antes, durante o después de la carrera, pero también por la incapacidad del organismo de asimilar los nutrientes aportados. Esto fue exactamente lo que le sucedió a Tadej Pogaçar, que afirmó haber comido y bebido constantemente durante el recorrido de la etapa. Sin embargo, la energía se quedó en su estómago y no llegó a sus piernas, que eran las que realmente la necesitaban.
En cualquier caso, la pájara tiene lugar cuando se agotan las reservas de glucógeno en los músculos y en el hígado. Cuando esto sucede, el cuerpo no tiene más remedio que metabolizar las proteínas que forman el tejido muscular para obtener energía. Es lo que se llama catabolismo muscular. Sin duda, la forma más destructiva y menos eficaz de conseguirla. ¿El resultado? Una terrible sensación de malestar y una fatiga que impide dar pedales y, en casos extremos, hasta mantenerse en pie.
Otras pájaras míticas en la historia del Tour de Francia
El ciclismo español está muy familiarizado con las “visitas del Tío del Mazo”, como también se conoce a este fenómeno. De hecho, dos de las más graves tuvieron lugar en la edición del Tour de Francia de 1983. Los aficionados nacionales estaban ilusionados con la posibilidad de colar a dos ciclistas en el podio de París e, incluso, de ganar la carrera.
El primero fue Ángel Arroyo, que acabó en segunda posición. No logró la victoria porque en la mítica cima de Alpe d’Huez sufrió una pájara que le costó más de 6 minutos respecto a Fignon, que acabó llevándose la victoria. A Perico Delgado, que durmió esa noche segundo y había demostrado tener más fuerzas que el francés, le pasó lo mismo al día siguiente. ¿El motivo? Unos batidos en mal estado que afectaron a los dos compañeros de equipo.
Sin embargo, la pájara más recordada por todos fue la de Miguel Indurain en Les Arcs en 1996, cuando iba camino de lograr su 6º Tour de Francia consecutivo. Ese día se dejó más de 4 minutos en la línea de meta. Como él mismo aclaró, solo continuó en carrera porque la organización había planeado hacerle un homenaje en la 17ª etapa, la cual pasaba por su ciudad natal, Pamplona.
Miguel Induráin nunca se recuperó de ese golpe y, aunque logró el oro en la prueba contrarreloj de Atlanta 1996, acabó retirándose en enero de 1997 con solo 31 años de edad. Por suerte, estamos seguros de que Tadej Pogaçar volverá con más fuerza que antes, como demostró con su victoria en la penúltima etapa del Tour 2023.



